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Pongámonos persas
Manuel Mejía Armijo

 

Shah-naméh. El libro de los reyes. Historia de Siawash
Ferdousí
Traducción, introducción y notas de Homá Dadbín,
Madrid, Hiperión, 2007, Poesía Hiperión, 173 p.
ISBN 84-7517-881-2

No abunda la literatura iraní vertida al español. Por eso es de celebrarse el acertado esfuerzo de poner en nuestra lengua esta pieza de poesía épica, inspirada en las maratónicas recitaciones que resuenan en los poblados de la antigua Persia

En el Irán de hoy existe un pueblo llamado Meimand. Sus escasos habitantes viven en casas talladas en tierra; no utilizan electricidad, y la atmósfera que ahí se percibe puede remontarnos a mil años atrás. Gracias a la insólita arquitectura del lugar, los sonidos adquieren resonancias musicales, que seguidas por un oído atento pueden encaminarnos a descubrir la rítmica voz de un hombre viejo que recita episodios del Shah-naméh. La gente reunida alrededor del narrador escucha, con el mismo interés que el público de hace mil años, las historias de la génesis de la civilización: Kiumars shah, el primer rey del mundo gobernando desde las montañas benévolo como el sol; Hushang shah descubriendo el fuego por casualidad al arrojar una roca contra los monstruos primigenios; Tahmurás shah venciendo implacablemente a monstruos y dragones, recibiendo de ellos como tributo las lenguas antiguas, el pahleví, el chino, el sánscrito... El gran Yamshid, quien durante su reinado de 500 años enseñó a su pueblo la utilización de las herramientas, la confección del vestido, el arte culinaria, la alfarería, la joyería, la extracción de perfumes. Su gobierno fue tan benéfico que los hombres no temían a la muerte, pero cayó en la autosuficiencia y se declaró creador del mundo, lo cual le valió perder la protección divina; entonces vino el árabe Zahak, le partió el cuerpo en dos y se proclamó el nuevo rey de una era oscura de discordia y mortandad, ya que al tirano Zahak le brotaban de los hombros sendas serpientes negras que exigían cerebros humanos como alimento.
El público alrededor del anciano entristece al escuchar las desgracias de sus antepasados y no puede contener la emoción cuando la narración llega al punto en que los héroes Kaveh y Fereidún se rebelan y deciden liberar al mundo del yugo de Zahak. Para entonces, el espectáculo de la palabra lleva ya unas cinco horas, el narrador tiene que descansar la voz y el público tiene que irse para atender sus quehaceres cotidianos, con la esperanza de escuchar las emotivas gestas de los héroes persas en una próxima ocasión.
Shah-naméh, que puede traducirse como libro de los reyes, carta de los reyes o cantar de los reyes, es un poema narrativo de grandes dimensiones que refleja el alma del Irán profundo. En una primera etapa, hunde sus raíces más allá del horizonte de la historia; después canta las gestas de los héroes persas, y finalmente entra en una etapa propiamente histórica; y en el conjunto de sus más de 100 mil versos representa una epopeya nacional tan completa, que ningún otro pueblo del mundo posee algo similar.
Ferdousí, poeta de Tus nacido alrededor del año 940, consagró su vida a escribir el Shah-naméh, teniendo como fuentes los conocimientos de los sacerdotes mazdeístas, la tradición oral guardada por la gente sencilla y algunos relatos en prosa sobre el antiguo Irán conocidos como Jodainameh. A los 38 años de edad Ferdousí inicia la obra en la que trabaja continuamente hasta llegar a los 71 años; en sus propios versos, el poeta expresa las penas y satisfacciones que ha experimentado durante su trabajo:

Las construcciones prósperas se destruyen
con la lluvia y los rayos del sol;
yo he fundado un alto castillo de poesía
al que no dañarán ni el viento ni la lluvia.
He sufrido bastante en estos treinta años.
He hecho revivir al iraní, con este farsí.
Después de esto no moriré, pues estoy vivo
por haber esparcido la semilla de la palabra.

Además del alto valor de la obra para la identidad del pueblo de Irán, y para su lengua, el farsí, es indudable que posee un valor universal. Como lectores hay que celebrar la publicación de la primera traducción directa al castellano de uno de sus episodios más entrañables en la colección Poesía Hiperión.
La historia de Siawash (que debe pronunciarse Siavosh) pertenece a la etapa de las gestas de los héroes persas; se refiere al príncipe iraní Siawash, hijo del rey Kawús, educado en las artes guerreras y valores morales por el héroe de cuerpo colosal, Rostam —per-sonaje central del Shah-naméh—. El corazón puro de Siawash despierta en el pueblo iraní y sus aliados una profunda simpatía, pero su natural inocencia y su gallardía provocan que la esposa preferida de su padre, la hermosa Sudabeh, se enamore de él. A pesar de que el príncipe utiliza la sutileza y la amabilidad para rechazar las insinuaciones de la reina del harem, ella, sintiéndose despreciada, trata de destruir al príncipe mediante terribles intrigas y engaños. Siawash se ve obligado a cruzar el fuego para demostrar su inocencia. Para evitar los conflictos en el palacio y la ira de Sudabeh, acepta ir a la guerra contra los turaníes y después de pelear con valentía logra lo que nadie había sido capaz de conseguir en años de cruentas batallas: un pacto de paz con el enemigo histórico de Irán, el rey Afraziab de Turán. Pero las intrigas de los envidiosos y una mala decisión de su padre, el rey Kawús, lo convierten en un mártir que despertará una insaciable sed de venganza en las entrañas de Irán.
La edición bilingüe que nos ofrece Hiperión permite palpar la maestría del poeta para crear elocuentes imágenes en un solo dístico, y es posible comprobar por la grafía la recurrencia de las rimas aun sin saber farsí. (Hay que aclarar que en el texto de esta edición hay algunos fragmentos en prosa que resumen y sustituyen las secuencias de dísticos rimados del original.) La transliteración de los nombres propios de personas y lugares permite pronunciarlos sin dificultad; sin embargo, es confuso el uso de la letra w para escribir el sonido que podría escribirse como v; desafortunadamente, tal es el caso del nombre del héroe principal y otros personajes importantes como Kawús (Kavús) o Guiw (Guiv). El lector de este episodio del Shah-naméh sentirá esa poderosa atracción que la buena poesía épica ejerce sobre los hombres de cualquier condición y encontrará un magnífico material para practicar la lectura en voz alta.

Manuel Mejía Armijo es director del grupo de música antigua Segrel



 
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